Entrevista a Cristina Monge: «Potenciando la transición ecológica, tenemos la gran oportunidad de fortalecer la democracia».

En la novena entrega de «Entrevistas MásDemo» hablamos con Cristina Monge, con motivo de la publicación de su nuevo libro «La gran oportunidad: cómo acelerar la transición ecológica y fortalecer la democracia».

PREGUNTA: El 30 de octubre del 2019 escribiste en Ethic un artículo titulado El cambio climático amenaza las democracias. Tu conclusión es que “Estamos hablando de cambios profundos, que implican no solo un cambio de paradigma económico y de modelo político, sino también un importante cambio cultural y de valores. Será absolutamente imprescindible que la transición ecológica acompañe de forma significativa a los que más tienen que perder e incorpore la deliberación y la toma de decisiones políticas al conjunto de la población para conjurar los miedos y hacer más fácil el cambio”. Seis años más tarde, ¿cree que esta conclusión puede ser la semilla de su nuevo libro La gran oportunidad?

RESPUESTA: Efectivamente. Este libro lo que busca son varias cosas. Primero, fomentar el debate, el debate informado y la deliberación acerca de un asunto clave: la crisis climática. Nos va la vida en ello. Y luego es una reivindicación también de la naturaleza profundamente política de esta transición. A veces los temas de crisis climática, de crisis ambiental y de transición ecológica se ven como una cuestión tecnológica o como una cuestión solamente científica, en función del conocimiento científico que necesitamos para hacerla real.

Pero lo cierto es que tiene su naturaleza; es una naturaleza fundamentalmente política, porque esa transición implica un nuevo modelo de sociedad, una nueva forma de relacionarnos con el planeta y una nueva manera de entender la economía. Y eso es un debate y un posicionamiento ampliamente político.

Por lo tanto, estamos ante un enorme debate político que a menudo se oculta o, por lo menos, no se supone ya como tal. Y eso es lo que he querido ayudar de alguna forma a debatir y visibilizar con ese trabajo.

En el libro afirma que “Ha llegado ya el momento, por consiguiente, de dejar de debatir sobre la existencia o no del cambio climático y la necesidad o no de acometer una transición ecológica. No queda duda alguna”. ¿Por qué considera que hay tanto interés, desde algunas partes políticas, en desinformar sobre el cambio climático?

Bueno, de alguna forma, en estos momentos las políticas ambientales se consideran por una parte importante de la sociedad, que forman parte ya de lo establecido, del sistema, del instituido. Ahora, eso no goza de muy buena reputación.

Cada vez estamos viendo más símbolos, más fuerzas contra ese tipo de posicionamientos que cuestionan todo lo que suene a instituido, a poder establecido, etcétera. En ese sentido, algunas de estas fuerzas niegan la crisis climática como tal, y otras lo que hacen es cuestionar la eficacia de las políticas ambientales que se ponen en marcha. Son cosas distintas, pero están operando las dos en estos momentos de manera simultánea.

Hoy en día, la evidencia, tanto científica como ya también vivencial, del cambio climático hace que sea cada vez más difícil negar su existencia y cada vez más urgente poner en marcha las medidas necesarias.

En otra parte del libro postula que “en función de lo que hagamos o no, nos situaremos en unos escenarios o en otros”. ¿Qué escenarios son?

La crisis climática, estudiada por los científicos, nos habla de diferentes escenarios a la hora de ver qué está pasando y qué puede pasar. Esos escenarios dependen de muchos factores, entre otros, de decisiones que tomemos o que no tomemos. Por ejemplo, hay un escenario, probablemente uno de los más famosos, que es el colapso. Pero no hay evidencia científica de que estemos abocados al colapso.

Es un escenario cada vez más importante y cada vez más central, pero no quiere decir que sea el único ni que sea inevitable. Dependerá fundamentalmente de lo que hagamos, de las decisiones que tomemos o las que dejemos de tomar. Por lo tanto, es muy importante ser conscientes de eso, de que la ciencia nos dice que estamos en el peor escenario posible mucho antes de lo previsto, pero al mismo tiempo nos está contando también que todavía estamos a tiempo de parar las peores consecuencias del cambio climático.

Y en base a eso, es en lo que tenemos que ser conscientes del desafío que tenemos para poder hacerle frente, y poner en marcha esas políticas que paren las peores consecuencias de la crisis climática. Porque, insisto en esto, la ciencia nos está diciendo que es posible, que no estamos abocados al colapso.

¿La tesis central de su libro es que, potenciando la transición ecológica, tenemos la gran oportunidad de fortalecer la democracia?

Justamente, si lo hacemos bien. Estamos ante una crisis que es inaplazable e imprescindible. Tenemos que acometer esa transición. Lo que pasa es que, en función de cómo la acometamos, estaremos incrementando las desigualdades, tensionando las condiciones de vida y, por lo tanto, haciendo mucho más difícil la convivencia y erosionando las democracias.

O, por el contrario, podemos darle la vuelta y que la transición ecológica sea una oportunidad, de ahí el título del libro, para paliar o luchar contra las desigualdades al mismo tiempo que incrementamos la cohesión social y, por lo tanto, mejoramos las democracias.

La transición hay que hacerla sí o sí, pero en función de cómo se haga, estaremos ayudando a fortalecer y mejorar las democracias o estaremos acelerando su degradación.

¿Por qué opina que la solución a la crisis climática puede darse mejor desde el ámbito progresista que desde el liberal?

Bueno, lo que yo planteo en el libro es que hay tantos modelos de transición ecológica como familias políticas.

Yo me posiciono, yo tengo mis parámetros ideológicos de carácter progresista y esa es mi propuesta de transición ecológica, pero eso no quiere decir que no haya otras y que cada uno desarrolle las suyas en función de esos parámetros ideológicos que estábamos comentando. ¿Por qué creo yo que las progresistas son más adecuadas?

Porque incorporan la noción de justicia social y nos pueden permitir hacer de esa transición un instrumento de lucha contra la desigualdad. Y esa es mi apuesta.  Mi apuesta por la transición justa implica hacer de esa transición ecológica una fuerza de lucha contra las desigualdades.

Es decir, que aprovechemos ese momento y esas políticas para poner en marcha mejores mecanismos de cohesión social que nos ayuden a mejorar la convivencia y a fortalecer las democracias.

¿Cómo definiría a la propuesta liberal?

Lo que nos está diciendo el liberalismo básicamente es que opere el mercado y la tecnología. Tiene que hacer una transición, que hay que hacerla de manera urgente, que es ineludible y que para eso lo que hay que hacer es poner a trabajar al mercado y a la tecnología. Eso es lo que nos están proponiendo.

Claro que tiene que haber mercados y claro que necesitamos tecnología. Pero todas las transiciones, y esta también, tienen víctimas. ¿Qué ocurre con esas víctimas? Ante eso, lo que se está planteando desde la derecha es que el mercado resolverá.

No, el mercado no resuelve en aras de la equidad. El mercado resuelve para incrementar el beneficio de algunos, no para hacer una sociedad más equitativa. Para eso está la política. Pero, efectivamente, esa propuesta es una de las que está encima de la mesa y es la que la derecha está impulsando desde diferentes ámbitos de las instituciones europeas y de los países en que gobiernan.

Justamente en esta respuesta podemos ver lo que planteaste en el artículo que te comentaba al principio de la entrevista: hay que hacer la transición ecológica siempre teniendo en cuenta a los que más tienen que perder, ¿no?

Claro, porque esas víctimas van a estar allí siempre. Por eso hay que intentar minimizarlas al máximo posible. La situación ideal sería que no existieran esas víctimas.

Pero, en efecto, hay que tener en cuenta que en toda transición económica y sobre todo una del calado que tiene esta, siempre hay víctimas y esta también las va a tener. Lo que tenemos que hacer es minimizarlas, intentar que no existan o que existan con las menores repercusiones posibles.

En el libro también se puede apreciar la unión que hay entre lo ambiental y la economía. ¿Alguna tiene más peso que la otra?

Lo que tenemos que entender es que la economía es una variable dependiente de la naturaleza. Si un ecosistema está contaminado, colapsado, no hay economía posible que se ponga en marcha.

Por lo tanto, hay que abandonar ya esa idea de que la economía y la ecología son cuestiones contrarias para poner el valor justamente en que economía y ecología son dos caras de la misma moneda. No puede haber una sin la otra. Y eso es justamente una de las cosas que también se señala en el libro con mayor énfasis.

¿Las medidas que se tomaron en el Pacto Verde Europeo fueron beneficiosas para la transición ecológica?

El Pacto Verde Europeo necesita repensarse en muchas cosas, pero es el marco de acuerdo que hasta ahora ha tenido Europa para avanzar en la transición ecológica.

Yo soy crítica con algunas de las medidas que ahí se plantean. Creo que hay que repensar algunas de ellas, pero es un pacto de enorme valor político. Además, aunque ahora estén renunciando a él, hay que recordar que fue un pacto que puso en marcha, que lideró y que aprobó una presidenta conservadora como Ursula von der Leyen.

Por lo tanto, eso que ahora mismo la ultraderecha y una parte de la derecha también en España critican tan vehementemente, fue liderado y aprobado nada menos que por la líder conservadora europea. Entonces, claro que hay que repensar algunas cuestiones muy importantes, pero es el marco de acuerdo que tenemos hasta el momento.

Desde las tesis que defiende en La gran oportunidad, ¿qué cosas se podrían repensar o mejorar del Pacto Verde Europeo?

Básicamente todo lo que es el modelo agrícola, creo que hay que plantear esas políticas agrícolas de una manera diferente.

Lo relativo también a las cuestiones de desarrollo tecnológico; no puede ser que en estos momentos tengamos un desarrollo industrial tecnológico tan importante como el que se refiere a los centros de datos, de una manera tan opaca como se está produciendo, donde no tenemos información real ni del consumo de energía, ni del consumo de agua, ni de muchas de las cosas que pasan dentro de esos centros.

Son vitales para el desarrollo. No se pueden convertir en un enemigo de la transición como se convertirán si siguen siendo así de opacos.

¿Si la economía verde no fuera rentable, muchos países le darían la espalda?

Probablemente, pero no es el caso. De hecho, la prueba está en que, aunque Trump ha mandado parar y ha puesto en cuestión muchas de esas políticas, las inversiones en materia de energías renovables no han parado. Al revés.

Los fondos de inversión que invierten con criterios de sostenibilidad no han visto reducidas sus inversiones, al revés. ¿Por qué? Pues porque sigue siendo muy rentable, sigue habiendo mucho beneficio en la economía verde. Y eso no se nos puede pasar por alto.

Cristina, en el libro también habla de la responsabilidad. Uno de los argumentos que más se escucha, en la calle, para criticar el cambio climático es que “X país contamina más que el mío. Por lo tanto, primero que dejen de contaminar ellos y ya luego vamos nosotros”. ¿Falta responsabilidad individual y estatal para enfrentarse a este problema?

Bueno, esos son argumentos de malos pagadores. Esto es un desafío global y hay que dar una respuesta global. Pero dar una respuesta no puede ser perder derechos, perder economía, no puede ser ir a un escenario peor.

Fíjate que en estos momentos el mundo de la movilidad, el mundo del automóvil, lo está liderando China.

¿Por qué? Porque es el que está liderando la transición de una movilidad sostenible. China ha entendido que ese tipo de movilidad es un nuevo negocio, muy beneficioso.

Criticamos a China porque sigue quemando carbón y tiene que dejar de quemar carbón, pero al mismo tiempo se ha convertido en el principal productor de placas de energía solar. ¿Por qué? Porque sabe que hay un enorme negocio.

Por lo tanto, no podemos ver esto de dejar de contaminar como que vamos a ser pobres o tenemos que perder puestos de trabajo. No, no. Vamos a dejar de contaminar liderando los nuevos modelos. Y por eso es una gran oportunidad, para liderar los nuevos modelos y además hacerlo con criterio de justicia social. Esta es la enorme oportunidad que tenemos para generar economías de futuro y liderar esas economías de futuro.

¿El hecho de que, desde la OTAN, se esté exigiendo aumentar al 5% del PIB el gasto en defensa puede perjudicar a la transición ecológica?

Depende de cómo se haga. Pero a priori, desde luego, no ayuda. Eso es evidente. No ayuda y además puede retraer recursos de donde realmente hacen falta, que son esas inversiones.

De todas maneras, fíjate qué curioso y qué bien planteada está esa pregunta que me haces, porque la mayor amenaza que hay en estos momentos a la seguridad es justamente el cambio climático.

La mayor tragedia que ha vivido España en estos últimos tiempos es por un fenómeno, agravado por el cambio climático: una dana. 229 muertos. Por lo tanto, si queremos invertir en seguridad, tenemos que invertir en políticas de mitigación y de adaptación al cambio climático de una forma absolutamente imprescindible y urgente.

¿Cómo se puede construir el mensaje de que la seguridad tiene que venir por el cambio climático? Desde la derecha se plantea que la seguridad nos la dará la inversión en armas.

Poniendo encima de la mesa la evidencia. Insisto, la mayor tragedia que ha vivido este país en los últimos tiempos no tiene que ver con una guerra, tiene que ver con la crisis climática. Por lo tanto, no hay que articular un discurso, hay que poner encima las evidencias que ya tenemos.

Haciendo un ejercicio de imaginación, en un periodo máximo de diez años, ¿visualiza que aprovecharemos esta gran oportunidad que plantea en su libro?

Bueno, yo creo que la transición está en marcha. No hay que empezarla, hay que acelerarla, incrementar la adicción. Pero está en marcha ya, de forma absolutamente clara. Estamos pasando por un momento en el que no es prioritario.

Es evidente que ahora mismo, pues bueno, hay otros factores: como el incremento de la ultraderecha, o personajes como Trump, que no lo van a poner fácil. Pero a mí me gustaría señalar el sentido histórico de esta transición.

Estamos ante un desafío enorme, una transición que, como todas las que se han hecho en la historia, nunca ha sido una línea recta entre dos puntos. Siempre es un camino plagado de idas, vueltas, curvas, subidas, bajadas, acelerones, retrocesos, tres pasos para adelante, dos para atrás. Siempre es así la transición.

Probablemente estemos ahora mismo atravesando uno de esos periodos en los que se va a intentar frenar. O al menos no se va a acelerar lo que tendría que acelerarse. Pero eso no puede impedir que seamos conscientes y que veamos que la historia va por ahí.

No nos va a quedar más remedio, porque el planeta nos está dando ya señales de alerta muy claras. Esa transición se va a hacer sí o sí; la cosa es que la hagamos de una forma ordenada y de una forma que nos ayude a mejorar la convivencia y a reducir la desigualdad.